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El conejo, las naranjas y la señora

 
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villamilenaria.ad
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MensajePublicado: Mar Nov 22, 2011 12:23 am    Asunto: El conejo, las naranjas y la señora Responder citando

El conejo las naranjas y la señora




Mi madre era una mujer arraigada a sus raíces y cuando el destino la arrancó de ellas, no dejó nunca que la tristeza la embargase, por eso a cientos de kilómetros de su amado Baños, siempre tenía un rato para sentarse conmigo, unas veces en las rocas junto al mar, otras...al calor de la vieja estufa, sentada en su mecedora.
Recuerdo la historia de la Blanca señora, que algunas veces era un conejo hermoso de un pelaje como el armiño, cuándo tenía que ir desde el pueblo a la finca de mis abuelos, siendo ella una chiquilla, me contaba que por el camino a Bailen entre olivos, se sentaba siempre un rato a descansar, en una ocasión, se quedó adormecida junto al tronco casi carcomido de un olivo, nunca supo si lo soñó o...si ocurrió realmente.
El tronco era enorme, por uno de sus lados parecía como si quisiera renacer de nuevo y allí, justo donde las nuevas hojas empezaban a brotarle, encontró una gran bola blanca, se acercó y cual no fue su sorpresa que al intentar cogerla vio que era un conejo atrapado en una trampa.
Le soltó la pata de los hierros y con un pañuelo blanco que siempre llevaba, pues se lo había bordado su abuela, le vendó y lo dejó en el hueco del tronco.
Al día siguiente al pasar de nuevo por el viejo olivo, se acercó para ver al conejo y alimentarlo con bellotas que había cogido sin decir nada a nadie, así estuvo haciéndolo durante un tiempo corto, un día al llegar al tronco lo encontró vacío, me contaba que sintió una gran pena, pero siguió su camino hasta llegar al cortijo, ya estaba llegando el verano y entonces bajaba menos al pueblo, por lo que ya no pudo volver a comprobar si el animalito había vuelto.
Mi madre era la menor de cinco hermanos, tenía una hermana mayor, así que ella poco tenía que hacer de las labores del campo ni de la casa.
Un día uno de mis tíos, llegó al cortijo con un serón de naranjas, por lo viste como trueque de alguno de los productos que ellos cultivaban.
A ella las naranjas le encantaban, mientras hubo disfrutó todos los días de su exquisito manjar, pues eso eran para ella.
Pero...todo se acaba, aquella noche después de cenar, se salió al porche del cortijo, empedrado con chinas y cubierto por la sombra de una parra, allí sentada en un poyete de piedra y con los ojos fijos en las hermosas estrellas, pensó...que bien si mañana pudiera comerme una naranja.
A la mañana siguiente, nada más levantarse, como si una fuerza interior la empujase se dirigió al porche y cuál no seria su sorpresa , que junto a las chinas del suelo, señalando con la pata en la que todavía llevaba su pañuelo el conejo, le estaba señalando donde tenía que levantar, se agachó levantó la piedra y allí...dos hermosas naranjas la esperaban, las cogió con gustó y al levantar la cabeza y acariciar al animalito, vio la figura etérea y blanca de un hermoso ser, nunca supo definir, si era un ángel una señora o que era aquello tan hermoso que vio durante muchas mañanas hasta que cumplió catorce años, que ya no volvió a encontrar más naranjas en el porche.
Así me lo contó mi madre y así os lo cuento

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